Si todo sigue así

Si todo sigue así, pronto nos iremos a tomar por culo. Otra vez. Repetimos. Siempre igual.  España camina por un valle sombreado donde ya no se distinguen brotes verdes. El paraje agreste que empezó a germinar hace pocos meses ha mutado en secarral. En este país, la cabra sigue tirando a un monte donde las vacas pacen flacas después de que el caballo de Atila pisoteara estos pagos. Campos baldíos en los que se cultivan vanas esperanzas, semillas que aquí no enraízan porque la tierra rechaza sus bondades.

Si todo sigue así, una obra de Peti Collage
Si todo sigue así, una obra de Peti Collage

Admitámoslo: estamos malditos. Nos han echado un mal de ojo. Dios sólo existe para enviarnos plagas de políticos corruptos y votantes sumisos. Me cago en el Señor. Me cago en sus pastores pederastas. Me cago en su crucifijo.

Un crucifijo que volverá a estar presente en la toma de posesión de Pablo Casado, me temo.

Me he decantado por la posibilidad de construirme un búnker mientras arrecia la tormenta, que promete ser larga.

La España post 28 de abril es una España posapocalíptica. Las elecciones que se asoman a la vuelta de la esquina garantizan una sociedad donde prosperarán los zombis, los muertos en vida, los autómatas con serrín en la mollera. El triunvirato fascista que se aupará en el poder será una Hidra de Lerna que ni Hércules podría derrotar. Una serpiente policéfala con tres cabezas muy feas, muy católicas y muy malas. Muy dañinas, muy reaccionarias y muy clasistas. La cosa da miedito, para qué engañarse. Yo ya me leí todos los manuales para sobrevivir en caso de cataclismo y, en primera instancia, la opción de la cicuta era la que más me convencía: el vaso lleno hasta los topes, un último brindis conmigo mismo – aquel que estuve buscando en el Camino de Santiago – y todo de un trago. Venga, hasta luego. A mí la hidra no me come; antes muerto que devorado por una caterva de zombis. Y más vale ingerir el veneno antes de que el Partido Popular, asentado de nuevo en el Gobierno, exceda los límites que deroguen la eutanasia para prohibir también el suicidio. ¿Que no? Dadles margen de maniobra y tiempo a raudales, que las cobayas somos nosotros y los científicos son ellos. Eso sí: científicos de dudosa titulación y de moral inexistente.

Pero votadles, faltaría más. Que esta es una nación libre. Y grande.

Al final, me he decantado por la posibilidad de construirme un búnker mientras arrecia la tormenta, que promete ser larga. Desde que Pedro Sánchez anunció la convocatoria de los próximos comicios generales, me he entregado en cuerpo y alma al abastecimiento de provisiones para los siguientes cuatro años. Cada día voy al súper para que la cajera me escanee con mirada inquisitiva. Pasta, arroz, comida enlatada, agua embotellada, galletas, cerveza. A cantidades industriales, por favor. ¿Pagará en efectivo o con tarjeta de crédito? Mejor apúntalo en mi cuenta, que voy a pasarme por aquí cada tarde hasta el 28 de abril. Eso no es posible; tiene que abonar el precio ahora mismo. ¿Vendéis pistolas, por casualidad? Es para atentar contra mi propia persona. Lárguese o llamo a la policía. De acuerdo. Buena suerte.

Ni siquiera los pobres inmigrantes que huyen de los espantosos conflictos de sus países podrán medrar en esta España sucia.

En un principio, quise emplazar mi guarida junto a alguna necrópolis para poder charlar con los que han estirado la pata. Debéis entenderme: cuatro años en soledad, bajo tierra, rodeado de raíces, piedras, gusanos. La compañía de los difuntos puede constituir la panacea para mantenerme en mis cabales. Al menos hasta que amaine este temporal fascista que ya tenemos encima; los muertos que descansan en el inframundo no son tan nocivos como los que pululan entre nosotros. Los de abajo no muerden. Los de arriba no piensan. Los de abajo están en paz. Los de arriba quieren la guerra. Y más vale que nos pongamos a cacarear las virtudes de este país si no queremos caminar por el tablón para que nos jalen los tiburones. ¿Acaso no lo sabíais? El primer mandato de Casado y sus esbirros consistirá en esparcir carnaza por las aguas que bañan el litoral español. Los escualos abarrotarán el mar; se frotarán las aletas ante la caída de aquellos herejes que no juren amor a la patria. Porque en breve se recuperará el sistema imperante tras el tenebroso Concilio de Trento. Una nueva Inquisición velará por los valores fundamentales de España – unión, religión, tradición – en detrimento de los renegados que acabarán ejecutados por los aparatos del Estado: los zombis, los tiburones, la hidra.

Pero debéis saber que en mi búnker caben unos cuantos.

Preferiría considerarme un proscrito como los de antaño y refugiarme en los bosques. Saquear carruajes, repartir la riqueza entre los necesitados. Organizar una resistencia contra la ignominia gobernante y sus feligreses. Pero son demasiados; el mundo ha dejado de ser un lugar seguro con tanto monstruo y en la espesura anidan las alimañas. Mi discurso es desalentador, lo sé. Una distopía. Pero es que lo tenemos más crudo que un sashimi. Nadie puede escapar – léase los independentistas – y ya nadie querrá entrar. Ni siquiera los pobres inmigrantes que huyen de los espantosos conflictos de sus países – sí, aquellos que caen de nuestro lado de la valla cercenados por las concertinas – podrán medrar en esta España sucia. Los mismos que la Guardia Civil corre a palos antes de devolverlos a sus casas destruidas. Qué puto asco.

Preparémonos, pues, para la llegada de una legislatura aciaga. No podremos abortarla porque también nos expropiarán ese derecho.

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Los autores

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Fliten es nuestro pequeño proyecto. Es el resultado de compartir vida con alguien que también alberga inquietudes creativas. Un espacio donde publicaremos lo que nos dé la gana sin rendir cuentas a nadie. Peti Collage es la artista que usa sus propias manos para elaborar imágenes imposibles. Joan Ramis es el redactor que escribe todos los artículos que pueblan este blog.