Las patas de gallo de Isabel II

Maldita sea, me he enamorado de la reina. Y no me refiero a la Sofía que sentó sus posaderas en la Zarzuela ni a la esquelética arpía que luego le usurpó el trono. Estoy hablando de una Claire Foy que en la segunda temporada de The Crown – superior a su antecesora aunque cueste creerlo – deslumbra tanto como la corona que toca su real peinado.

Las patas de gallo de Isabel II, una obra de Peti Collage
Las patas de gallo de Isabel II, una obra de Peti Collage

Me postro de rodillas ante una Isabel II cuya ignota vida Peter Morgan ha llevado a la pequeña pantalla. Jamás hubiese imaginado que una ficción centrada en la Casa de Windsor me haría trasnochar hasta las tantas. La culpa de mis ojeras debe recaer en la pluma de su creador, por supuesto. Pero es el embrujo de Foy el que ha sitiado mi corazón hasta anexionarlo a sus dominios. La monarca ordenó bajar el puente levadizo para que un republicano recalcitrante como yo penetrara en su castillo. Larga vida a la reina, claro que sí. Una lástima que su reinado no pueda dilatarse más en el tiempo.

Netflix pasará las páginas del calendario para hacer avanzar la trama hasta finales de los sesenta.

La actriz de Stockport deberá abdicar en la próxima temporada por exigencias del guión, como suele decirse. ¿Pero por qué? Pues porque su majestad la reina Isabel II, a pesar de estar ungida con aceites que la elevan a la categoría de diosa, es también una mortal que sufre las embestidas de la vejez. Netflix pasará las páginas del calendario para hacer avanzar la trama hasta finales de los sesenta. La crisis del Canal de Suez es ya una cicatriz en el currículum de la política exterior del Reino Unido; los devaneos del Duque de Edimburgo se han guardado bajo llave en algún cajón olvidado. Ahora toca abordar otros asuntos peliagudos acaecidos en las postrimerías de la siguiente década, tales como el proceso de descolonización de la Corona Británica o el sonado divorcio de Margarita, la díscola hermana de la soberana. En fin, que la ración de episodios que está cocinando Netflix contiene enjundia de la buena. Pero a mí me han atacado donde más me duele: la Foy dice adiós a The Crown y yo – súbdito redomado que paga el diezmo con gusto – estoy por exiliarme donde ella me ordene.

De acuerdo al esquema que plantea la línea de sucesión, Olivia Colman tenía todas las papeletas para heredar el cetro. Rumores que no tardaron en cristalizar cuando Netflix anunció el fichaje de esta veterana curtida en los escenarios y en la televisión. Isabel ya no podrá ocultar sus patas de gallo en la temporada que se avecina, y la estrella de Broadchurch – recién galardonada con un Globo de oro por La favorita, de Lanthimos – entraña la madurez necesaria para encarnar a la avezada monarca. Garantía de calidad, según comentan; un acierto del que no nos arrepentiremos, dicen otros. Pero las cosas como son: el listón que ha puesto su predecesora sólo está al alcance de la propia Isabel II. Qué demonios. Estoy convencido de que ni siquiera la reina de verdad, la de carne y hueso, actuó de forma tan creíble en los albores de su gobierno.

Claire nos ha regalado un repertorio de gestos que es un canto a la sutileza, a la contención. A día de hoy, mi nula empatía hacia la corte de cenutrios que pueblan las monarquías del mundo – corruptos hasta el tuétano la mayoría – se tambalea por culpa de una interpretación colmada de matices. De humanidad. Sé muy bien que llego tarde, que la segunda temporada se estrenó hace más de un año; su protagonista ya fue rociada en su día con toda clase de lisonjas y zalamerías. Pero si me permiten, faltaba la reverencia de un siervo que le juró lealtad desde su coronación.

Una interpretación exquisita fabricada por una orfebre en estado de gracia.

Foy asegura que nunca pretendió mimetizarse con la reina; limitarse a imitarla hubiese derivado en una tarea tediosa. Nada de copias. Su recreación está en las antípodas de ser una caricatura de Isabel II, de ahí su grandeza y su mérito. Esta actriz de 33 años ofrece una representación que se antoja como la ventana a una vida inaccesible. La dinamita de Peter Morgan ha derribado la muralla que protege al personaje, dando vía libre a Claire para dejar en pelotas a su majestad. Está claro que el logro de su actuación estriba en el minimalismo de sus ademanes. Si las dinastías europeas se acomodan entre el barroquismo y la opulencia, la conquista de Foy consiste en una versión desprovista de adornos y florituras. El lema que acompaña su blasón expresa el clásico axioma de que menos, en efecto, es más. Sin embargo, la austeridad de su trabajo no está exento de riquezas. Un suave parpadeo de Claire ante la cámara me está diciendo que – oh, vaya – la reina no está hecha de argamasa. El tic de abrocharse la chaqueta antes de pronunciar sentencia – lo hace con pasmosa frecuencia – es el velo que corre para que no se asomen sus costuras. Su pétrea expresión apuntalada por silencios constantes – es más fría que el Océano Ártico – trasluce lo que se gesta de puertas adentro. Una interpretación exquisita fabricada por una orfebre en estado de gracia.

La echaré de menos, no hay duda. Incluso me atrevería decir que la nonagenaria que se parapeta tras los muros de Buckingham Palace, la que se aferra al poder como un niño a la teta de su madre, también lo hará. El té con pastas de las cinco de la tarde ya no será lo mismo para su Royal Highness. La estoy viendo recostada bajo el dosel de su cama – un sorbo a la taza, un mordisco a la galleta – con la vista clavada en un proyector último modelo que parece un anacronismo futurista entre tanta pompa palaciega. La pantalla oscura, el sonido ausente. Nada se emite en el lienzo que tiene ante sus ojos.

Anda, ve poniéndote unas dispositivas de tu juventud, reina. El show televisivo de tus primeros veinte años como monarca ha terminado.

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Los autores

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Fliten es nuestro pequeño proyecto. Es el resultado de compartir vida con alguien que también alberga inquietudes creativas. Un espacio donde publicaremos lo que nos dé la gana sin rendir cuentas a nadie. Peti Collage es la artista que usa sus propias manos para elaborar imágenes imposibles. Joan Ramis es el redactor que escribe todos los artículos que pueblan este blog.